La actitud de los empresarios – Musell

Hay gente que no es pobre, sino incapaz. Escuchaba hace algunos meses a un amigo empresario decirle lo siguiente a un grupo de jóvenes: “Ustedes no son pobres, son empobrecidos. Sus ideas, sus creencias, sus paradigmas…eso les empobrece cada vez más.”

Téngalo claro: “no hay gente pobre, hay gente empobrecida”

Cuando una persona se queja por la falta de dinero, pero vive derrochando tiempo… se empobrece.

Otro ejemplo:

A muchas personas les falta dinero, pero les sobra vergüenza para trabajar.

Para mucha gente es una humillación salir a la calle y vender algo.

“Que van a decir”, “que vergüenza…yo vendiendo…”

Y así es como prefieren terminar siendo mano de obra barata en un proyecto ajeno. Les da vergüenza vender un producto o servicio, pero no les da vergüenza vender su tiempo.

Señores, la opción de salir a buscar un “trabajito estable” no es una opción para millonarios.

Seamos sinceros: Vivir en función al sencillo es vivir con base en migajas. Dignas, pero migajas a fin de cuentas.

Si usted quiere mejorar, debe ponerse a trabajar en sus ideas y no en una empresa ajena. A la riqueza le gusta la gente con carácter, con firmeza. Esa es la verdad: El valiente se hace rico, el miedoso se hace pobre. Mientras algunos prefieren confiar en un jefe, otros optamos por confiar en nosotros mismos.

Decía un magnate del petróleo que “el dinero no es para los timoratos, sino para los que tienen genio y personalidad.” Eso significa tener ideas y el temple para hacer realidad esas ideas.

Le voy a decir algo más: como empleado usted puede obtener un buen salario, pero como empresario puede obtener la libertad. Nosotros creemos que usted no nació para vivir cobrando sueldos, sino para hacer fortuna.

Recuerde esta máxima del emprendimiento: “Prefiero ir a vender algo de mi negocio, que ir a una entrevista de trabajo.”

Si usted siente cansancio de seguir viviendo “con las justas”, entonces tiene que tomar conciencia: El mejor pedazo del pastel es para los grandes. La clave no está en agachar la cabeza y dar lástima, sino en hacerse grande.

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